Por fin encuentro mi sitio. Una silla en medio de un paisaje montañoso, lleno de piedras, arbustos, cactus y esculturas metálicas. Incluso en un lugar algo desolado puede encontrarse restos artíticos.
Arriba en el cerro hay unas sorprendentes vistas a la precordillera y un valle con un afluente seco. Pasados los días he ido descubriendo las problemáticas con el agua de la zona (desde agricultures sin cosechas hasta cortes de agua en pueblos enteros) y todo por la minería!
Desde mi mecedora contemplo el pueblo de Putaendo: casas de colores y techos de chapa. Tras un par de días paseando por sus calles y de conversaciones sobre educación con mis anfitrionas tomo el autobús de vuelta a Santiago.
Me ha dado una cálida bienvenida este pequeño pueblito de la provincia de Aconcagua y creo que será la primera de muchas visitas.