martes, 18 de agosto de 2015

Camino a la conciencia

El silencio,la quietud, la soledad... Lo que pueden ser sinónimos de aburrimiento, depresión o tristeza han supuesto para mi pequeñas herramientas para comprender, para dejar ir sufrimientos pasados, para satisfacer búsquedas incesantes.

Dejaron paso a la claridad, a la tranquilidad corporal y espiritual. Un conjunto de pequeñas rutinas en un año reflexivo, alejada de lo conocido y lo familiar, me ha permitido centrarme en aspectos desapercividos de la vida y mi relación con ella. Descubriendo certezas en mi experiencia laboral y personal, resultado del contraste entre el mundo de la infancia y el de los adultos.

Todos hemos sido niños pero pocos hemos podido observalos en su esencia, sin juzgarles. Quererles tal como son, sin exigencias. Hallar su felicidad en las sencillas acciones del día a día, en los simples descubrimientos de su cuerpo y la relación con el mundo. ¿Cuándo como adultos nos maravillamos de igual forma? ¿Cuándo nos alegramos por un logro interior o coporal y queremos compartirlo? Parece que sólo los logros laborales y sociales son relevantes. Hacer cosas programadas en poco tiempo: carrera, viajes, parejas, ascensos.  ¿Qué hay de las pequeñas superaciones personales? son difíciles de explicar pero las que  te cambian y llenan realmente. Solo tú podrás ser conscientes de ellas y con suerte explicarlas a alguien cercano que te escuche y entienda. 

En un año en mi trabajo, en mis relaciones, en mis tiempos conmigo, he aprendido más que en los múltiples viajes y cursos que creían definirme como persona, 

Ahora voy en búsqueda de la seguridad en cada paso, la atención puesta en cada día. Observar más allá de los pensamientos visibles, acercase a lo invisible empezando por el cuidado del propio cuerpo y el pensamiento. 
<Caminar con sencillez, sin exigencia y con consciencia.>