Una semana ha pasado y ya parezo una santiaguina. Una santiaguina con casa y jardín, trabajo, celular, tarjeta de transporte, carnet de identidad chileno y sin cuenta bancaria. Sí, todos me aceptan menos los bancos. Como digo yo no soy lo bastante indefinida para que me abran una cuenta. Rechazada por el propio Santander...en fin.
Después de unos días de canguro y desempaquetando las maletas he podido establecerme en mi habitación.
Me he reencontrado con antiguos amigos y nuevos conocidos. Y como siempre grandes casualidades con las personas que me rodean. El mundo sigue siendo un pañuelo, no se si de seda o de periódico, pero sorprendentemente enrrollable.
De momento no puedo decir mucho de la gente pero si algo de la ciudad. Abundan los concesionarios de coches, las farmacias y los bancos. No se si se podría traducir por mucha gente enferma y endeudada, eso está por ver.
Por otro lado me siguen emocionando las increíbles montañas que se dejan ver mires donde mires.

Hombre, digo yo que no serás lo suficientemente definida, ¿no? jajaja.
ResponderEliminarSi es que... uno mete dinero al banco e igual cuando vuelve se encuentra con que no ya está, ahora, para que el banco te deje meter el dichoso dinero hay que pasar unas cribas... ¡Siempre es igual, sobre todo para los inmigrantes!
Pues nada Nere, a hacer un nidito en el colchón, que ni te da ni te quita intereses ;)
vaya panorámica! un besote :)
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