Carta al pasado:
No te gusté y no te culpo de ello porque yo tampoco me gustaba. Algo en mí me impedía ser feliz, por más que me esforzaba en hallar la respuesta solo veía y vivía con la mente.
Una persona fraccionada, incapaz de entender que le sucede, desequilibrada e influenciable. Todo ese miedo a perder a las personas que quiere, a extrañar el pasado y a alimentarse de las preocupaciones de un futuro eran reflejo de una inseguridad profunda, de una desconexión con mi verdadero yo.
Era un ser triste, apegado, egoísta, exigente y controlador.
<<¡¡Sopla, sopla, que lo malo se aleja!>>
Carta al presente:
Ahora me siento distinta, tranquila, sencilla y despreocupada.
Te doy si quieres y te escucho si necesitas.
No digo que todo este hecho en tan poco tiempo pero las nubes se van disipando y veo con más luz.
Te sonrío cada día, te miro sin juzgar, te pregunto que piensas y acepto tus ideas aunque no las entienda. Te perdono cuando fallas y acepto lo que decides.
Nunca pensé llegar a tanta felicidad. Ya no tengo tantas incertidumbres, veo con claridad y me siento más culta emocionalmente.
<<Todos los seres vivos son conocimiento y camino para aprender algo nuevo, toma y deja ir>>
Carta al futuro:
Generas ilusiones y deseos pero también decepciones y preocupaciones, prefiero despegarme de ti y vernos cuando sea el momento.
<<Arrivederci>>










